POESÍA Y TERESA


Yace dormida la diosa razón. 
El espíritu se revuelca en su miseria 
Se agita prisionera la bestia agazapada.
Caminar despacio sueños que no es posible el retorno.
Llegará el tiempo amarillo y de las fresas allá en la esquina de aquel alma que
espera el destino o desatino.
No le despertéis sueños, dejad.
Ahora comprende que las sombras son sombras y no cuerpos.
Acaso la acompañen para siempre en su delirio.
El dolor se castiga con la vida y la felicidad es la desesperación de los malditos.
Sombras que danzan en la madrugada, ¡huid! de sus horas porque está triste y no comprende.
Marchad no sea que con vosotros se vaya.
Abandono de las formas, estancia vacía. Sus gestos se visten de inútil luz
 y la indolencia por ganar el día
Busca en el silencio de unos ojos el tiempo de la razón y 
la realidad que se abre es un puñal
Después herida ya entiende, su miedo la llevó anoche a un paraíso sin regreso.
Ni cara ni cruz: la duda es un solitaria moneda a la que he apostado mil veces.
TERESA   M.  BREA

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