TRUMAN CAPOTE


 Truman Capote (30/09/1924 – 25/08/1984) Truman Capote Truman Streckfus Persons Escritor estadounidense “Los escritores, cuando menos aquellos que corren auténticos riesgos, que están dispuesto a jugarse el todo por el todo y llegar hasta el final, tiene en común con otra casta de hombres solitarios: los individuos que se ganan la vida al billar y dando cartas.” Truman Capote Nació el 30 de septiembre de 1924 en Nueva Orleans (Louisiana). Su infancia transcurrió en las granjas del mítico sur estadounidense. Según confesión propia, comenzó a escribir para paliar el aislamiento en el que transcurrió su infancia. Cursó estudios en el Trinity School y la St John’s Academy de Nueva York. Cuando su madre se casó por segunda vez con Joseph García Capote, abandonó sus apellidos Streckfus Persons y tomó el de ese hombre. Con 17 años era un periodista consumado asegurándose un empleo en la exclusiva revista The New Yorker. A los 21 abandona la redacción y publica un relato –’Miriam’- en la revista ‘Mademoiselle’ que es distinguido con el Premio O’Henry. La crítica, que le aplaude sin reservas, le considera un discípulo de Poe y habla de su estilo como “gótico introspectivo”. Con 23 años se edita su primera obra, Otras voces, otros ámbitos (1948) que fue una de las primeras novelas que plantearon abiertamente el tema de la homosexualidad. Otros de sus escritos son: Un árbol de noche y otros cuentos (1949), El arpa de hierba (1951), Se oyen las musas (1956) y Desayuno en Tiffany’s (1958). Su novela más famosa es A sangre fría (1966), que narra el asesinato de los cuatro miembros de una familia de Garden City, Kansas, fue llevada a las pantallas en el año 1967 por Richard Brooks. Vendió más de trescientos mil ejemplares y estuvo en la lista de los libros más vendidos del New York Times durante treinta y siete semanas. Tras pasar el resto de los años 40 viajando por los países ribereños del Mediterráneo, en la década de los 50 Capote reanuda su actividad periodística como entrevistador de la revista “Playboy”. Autor de los ensayos titulados Música para camaleones (1980) y del guión para el musical Casa de las flores (1954). También colaboró en la escenografía de la película La burla del diablo (1954). Falleció el 25 de agosto de 1984 en Los Ángeles. Una navidad ( Relato ) Truman Capote PRIMERO, UN BREVE PREÁMBULO autobiográfico. Mi madre, mujer excepcionalmente inteligente, era la chica más guapa de Alabama. Todo el mundo lo decía, y era verdad. A los dieciséis años se casó con un hombre de negocios de veintiocho que provenía de una buena familia de Nueva Orleans. El matrimonio duró un año. Ella era demasiado joven tanto para ser madre como para ser esposa; era además demasiado ambiciosa: quería ir a la universidad para tener una carrera. De modo que dejó a su marido; y, por lo que a mí se refiere, me puso al cuidado de su numerosa familia de Alabama. Durante años, rara vez vi a ninguno de mis padres. Mi padre tenía asuntos en Nueva Orleans, y mi madre, tras graduarse, empezaba a abrirse camino por sí misma en Nueva York. En lo que a mí me concernía, ésta no era una situación desagradable. Era feliz donde me hallaba. Tenía a muchos parientes amables conmigo, tías y tíos y primos y, especialmente, “a una” prima ya mayor, con el pelo canoso, una mujer ligeramente tullida llamada Sook. Miss Sook Faulk. Tenía otros amigos, pero ella era, con mucho, mi mejor amiga. Fue Sook quien me habló de Papá Noel, de su barba abundante, su traje rojo y su ruidoso trineo cargado de regalos, y yo la creí, del mismo modo que creía que todo era voluntad de Dios, o del Señor, como siempre le llamó Sook. Si tropezaba, o me caía del caballo, o pescaba un gran pez en el riachuelo, bueno, para bien o para mal, todo era por voluntad del Señor. Y eso fue lo que dijo Sook al recibir las alarmantes noticias de Nueva Orleans: mi padre quería que yo fuera a pasar con él la Navidad. Lloré. No quería ir. Nunca había salido de aquella aislada y pequeña ciudad de Alabama, rodeada de bosques, granjas y ríos. Jamás me acostaba sin que Sook me peinara el pelo con los dedos y me besara para darme las buenas noches. Además, me asustaban los extraños, y mi padre era un extraño. A pesar de haberlo visto varias veces, su imagen se confundía en mi memoria; ignoraba qué aspecto tenía. Pero como decía Sook: “Es la voluntad del Señor. Y, quién sabe, Buddy, quizás hasta veas la nieve”. ¡Nieve! Hasta que aprendí a leer por mí mismo, Sook me leyó muchos cuentos, y parecía haber cantidad *buscabiografias.com

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