>MARÍA GOWEN BROOKS


>SER O QUE SOU

Una norteamericana, un poema y un cafetal cubano

María Gowen Brooks, reconocida poetisa norteamericana comenzó a escribir hacia 1823, en Cuba, las primeras estrofas de su gran poema Zophiël
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Luis Sexto
sexto@enet.cu
27 de Agosto del 2008 0:28:48 CDT
María Gowen Brooks. La llevé hasta ahora como un fantasma a horcajadas sobre mi cuello, como a otras figuras llegadas a mí tras el cristal aneblinado del enigma. Paradójicamente echaba sobre mi cabeza las brumas y el frío del Norte batiendo su mano en el aire cálido y fresco del valle de Guamacaro. Se me encimó en una referencia imprecisa mientras leía un libro que en una de sus páginas mencionaba un célebre poema escrito en el cafetal de San Patricio, Limonar, en la jurisdicción de Matanzas, por una autora de lengua inglesa, conocida por el seudónimo de María del Occidente.
En 2004 publiqué en Juventud Rebelde una crónica acerca de esa, mi nueva obsesión de periodista interesado en los episodios más ocultos y aparentemente menos importantes de la historia. Tras contar sucintamente mi encuentro con una poetisa sin nombre en el libro Notas sobre Cuba, del médico norteamericano John G. Wurdemann, formulé un reclamo a la usanza del Viejo Oeste norteamericano, cultura fílmica del niño que creció entre el galope y los estampidos de aquella cinematografía de vaqueros violentos fabricados según la truculenta estética de Hollywood. «Se busca una poetisa. Mil… gracias por su captura».
Wurdemann, que visitó a Cuba tres veces entre 1841 y 1843, recorrió la zona cafetalera de Limonar. De improviso, vestido ligeramente, acariciado por un viento fresco, recuerda bajo una yagruma a su país natal donde sus compatriotas intentan protegerse del invierno. Y admite que «es quizá esta inesperada vida estival la que le da tanto interés al paisaje de Cuba, y que, combinada con el benigno clima, extiende un aire de paz sobre todo el país». Al pasar por el cafetal de San Patricio escribe: «Junto a uno de los paseos arbolados (…) se alzaba una pequeña construcción de piedras, enyesada con cuidado, con unos peldaños delante de su entrada; pero no tenía techo y crecían arbustos en su piso y en su pórtico, mientras que las puertas y las ventanas hacía tiempo que le habían sido quitadas (…) Pero desierto y ruinoso como estaba (…) aún parecía, por los recuerdos que evocaba, un oasis en el desierto». La edificación había sido el estudio donde María del Occidente, en 1823, empezó a componer Zophiël, «el más imaginativo de los poemas ingleses» de acuerdo con Wurdemann.
Desde entonces intenté saber quién era María del Occidente. Y supe que la poetisa norteamericana María Gowen Brooks, apodada María del Occidente por el poeta inglés Robert Southey, comenzó a escribir hacia 1823 las primeras estrofas de su largo poema basado en el episodio bíblico de Sara, cuando residía en el cafetal de San Patricio, propiedad de su hermano, adonde llegó después de enviudar de un esposo 30 años mayor. La poetisa se había casado con tanta desventaja tras fallecer su padre, hombre de aficiones literarias.
Zophiël, «ángel de alas rápidas», nombre que según Milton significa «espía de Dios», recibió el punto final en 1829. Pero el primer canto fue concluido el 30 de marzo de 1825, de acuerdo con la fecha del prólogo donde la autora explica sus propósitos. He logrado traducir imperfectamente este párrafo: «Deseando hacer un esfuerzo continuo en un arte que, aunque casi en secreto, se ha adorado y asiduamente cultivado desde la más temprana infancia, era mi intención haber escogido algún incidente pagano de la historia. Pero, examinando los anales judíos, me decidí por seleccionar para mi propósito, una de sus historias más conocidas que, además de su belleza extrema, parecía abrir un camino para la imaginación que podría ser útil no solo en las verdades importantes y elevadas, sino agrandando las creencias populares».
María Gowen Brooks, nacida en Medford, Massachussets, presumiblemente en 1794, mereció que Southey la reconociera como «la más apasionada e imaginativa de las poetisas» y que Edgar Allan Poe la elogiara y mencionara en algunos de sus artículos literarios. Murió en 1845, víctima de «fiebres tropicales» luego de regresar a Cuba en 1843, según establece su ficha biobibliográfica, aunque no precisa si el deceso ocurrió en la Isla o en los Estados Unidos. Hoy pocos la recuerdan…
Algo más de la obra de Mrs. Brooks se relaciona con los años que la poetisa vivió en Cuba. Al parecer el clima y el paisaje la conmovieron e influyeron en el desarrollo de su sensibilidad, pues también escribió un Adiós a Cuba y un volumen autobiográfico titulado El valle del Yumurí, paraje típico de la geografía de la actual provincia de Matanzas.
Un crítico, compatriota de la autora, dudaba de que Zophiël hubiera podido escribirse en una plantación cubana. Y Wurdemann, afiebrado ante lo que estimaba una injusticia, alegó en sus Notas sobre Cuba que nunca pudieron tener mejor cuna las imágenes ideadas por la poetisa. «Una hacienda cafetalera es, en verdad, un edén perfecto, superior en belleza a todo lo que el frío clima de Inglaterra puede producir».
Ya nada queda de San Patricio. La habitación donde María Gowen Brooks escribió el primer canto de su gran poema pasó de las ruinas al polvo, como casi todos los cafetales cubanos a partir de los años 40 en el siglo XIX. Del poema permanece el nombre, Zophiël, que ahora quizá solo interese a la curiosidad de algún lector.

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